<<Tornar>>
Media humanidad, precarizada.
Entrevista Elmar Altvater (politólogo)
Clarín 26-09-05 (principal periódico argentino)
(...)Pero existe un cuarto principio: el de la solidaridad, que está íntimamente ligado a las nuevas formas de cooperación ciudadana. Lo importante es que la solidaridad no se limita al aquí y ahora; ser solidarios supone concebir nuestra existencia como invitados en el planeta Tierra y, por ende, saber que debemos dejar este mundo en igual o mejor estado, pero no en peores condiciones. Ser solidarios supone considerar a las generaciones futuras y a los hombres en cada rincón del planeta. En definitiva, una economía sólo es solidaria cuando es sustentable.(...)
Las transformaciones en los modelos económicos provocaron la aparición de nuevos sujetos colectivos, al margen de las relaciones de trabajo tradicionales. La política debe también darles cabida. Por Fabián Bosoer, Clarín 25-09-2005. Traducción de Carla Imbrogno.
Hace 25 años el
sociólogo André Gorz generaba un revuelo intelectual con su libro
"Adiós al proletariado", en el que vaticinaba el fin del trabajo
industrial asalariado. ¿De qué manera se cumplieron aquellos vaticinios?
-Sí, en efecto, hoy asistimos al fin del proletariado.
Sin embargo, Gorz sostenía que el fin de la clase trabajadora sería
consecuencia del aumento de la productividad, del progreso tecnológico;
en fin, de una sociedad más rica, que haría que la categoría
"trabajo" dejara de ser central para la subsistencia de los hombres.
En la actualidad, el fin del proletariado no sólo se analiza en forma
teórica, sino que está a la vista en todo el mundo: se lo ve claramente
en el sector informal, en la precarización del trabajo, en el trabajo
en negro.
Esta informalidad laboral
que usted describe, ¿es un efecto no deseado o una consecuencia previsible
de la evolución del capitalismo y las políticas neoliberales?
-Este surgimiento de la informalidad está relacionado con la desregulación
del mercado laboral y el proceso de globalización
de corte netamente neoliberal, que para la mayor parte de las personas ha generado
gran inseguridad. Se trata de una globalización de la inseguridad que
está dada, entre otras cosas, porque el empleo que se genera es precario
y las personas no tienen un contrato de trabajo.
Pero la crisis del pleno
empleo viene de más atrás.
-Así es, con la crisis del Estado social, que quedó obsoleto frente
a una globalización que se pensó como una dinámica de incremento
constante de la competitividad. Esto sólo era posible a partir del aumento
de la productividad y la necesaria reducción de los costos. La consecuencia
lógica es la expulsión de mano de obra superflua del sector formal,
que es absorbida por el informal.
¿No es esto similar
a lo que planteaba ya en el siglo XIX David Ricardo cuando sostenía que
el capitalismo generaría "población redundante"?
-Algo así. Esto ha llevado a que en distintos rincones del mundo muchas
personas hayan puesto en juego su creatividad en busca
de nuevas formas de organización social que les permitan contrarrestar
la inseguridad. El problema de fondo es el mismo en todas partes aunque
se manifiesta según las condiciones socioeconómicas de cada realidad:
países desarrollados o subdesarrollados, Estados de bienestar medianamente
realizados o no.
¿Cómo se
pueden comparar unas realidades con otras: las de las sociedades del bienestar
con aquellas que no conocieron niveles de desarrollo y distribución más
equilibrados?
-La evolución del sector informal presenta diferencias en los países
llamados "del tercer mundo" -aunque creo que ya no es posible hablar
de "tercer mundo"- y en los países industrializados. La primera
es una diferencia temporal: la noción de informalidad surge en 1972 a
partir de un estudio de la Organización Internacional del Trabajo en
Kenia, Africa. Es decir, que el término en sí existe desde hace
poco más de treinta años. Si bien en ese entonces tal categoría
resultaba impensable en Occidente, estudios de investigación realizados
en la Unión Europea arrojan hoy otros resultados: en
Europa, por lo menos el 20% de la población activa corresponde al sector
informal, en Latinoamérica la cifra asciende al 60%, y en Africa, al
90%. De modo que, aunque en diferente medida, la tendencia es la misma.
Según más datos de la OIT, existen en el mundo 800 millones de
personas sin empleo o con empleo precario. Si se piensa que cada uno de estos
hombres tiene una familia, y se lo multiplica por 4, esto da como resultado
tres mil doscientos millones de habitantes. Es decir que
la mitad de la humanidad pertenece al sector informal, se halla al margen del
sistema capitalista formal de acumulación.
Todo esto lleva a un
cuestionamiento de estas mismas categorías de "sector formal"
y "sector informal", ¿no es cierto?
-Sí, ese es precisamente el gran problema. Y más aún si
pensamos que en Africa el 90 % de la población pertenece al sector informal.
Tenemos que partir de la base de que el fin del proletariado hoy no supone una
nueva forma de redistribución entre el tiempo de trabajo y el tiempo
libre, el trabajo autónomo y el heterónomo -como sostenía
Gorz- , sino que las nuevas formas de organización no son para nada emancipatorias,
porque las personas desarrollan las "técnicas del sí mismo"
adaptándose a las condiciones impuestas desde afuera. Hasta los sindicatos
de todo el mundo están en crisis porque no encuentran la forma de organizar
al sector informal.
Usted habla de las "distintas
lógicas de la acción social". ¿Cómo se manifiestan
estas lógicas?
-Hago esta diferenciación de lógicas por diversos motivos: en
primer lugar, para mostrar que en la sociedad mundial no
existe una única lógica de acción (la lógica
de la equivalencia que rige el mercado, esto de intercambiar un producto por
su equivalente dinerario), sino que existen otras lógicas. Ya
Karl Polanyi, un gran historiador húngaro que emigró a Inglaterra
en los años 30 durante el nacionalsocialismo, sostenía que existían
muchas otras formas de intercambio como, por ejemplo, el principio de reciprocidad,
según el cual el reconocimiento o la alegría espontánea
pueden ser factores que determinan una prestación recíproca. O
el principio de la redistribución, en el que se
basaba la planificación central en el socialismo real del siglo XX.
¿No fracasaron
esas formas alternativas de organización social?
-Se trató de economías muy dinámicas que demostraron funcionar,
aunque más no haya sido por un par de décadas. El problema es
que en tiempos de la globalización neoliberal esto es impensable, porque
la planificación es un sistema aplicable al Estado nacional y el Estado
nacional como tal ya no existe. Una planificación
y un sistema redistributivo a escala global son deseables, pero imposibles.
Pero existe un cuarto principio:
el de la solidaridad, que está íntimamente ligado a las nuevas
formas de cooperación ciudadana. Lo importante es que la solidaridad
no se limita al aquí y ahora; ser solidarios supone concebir nuestra
existencia como invitados en el planeta Tierra y, por ende, saber que debemos
dejar este mundo en igual o mejor estado, pero no en peores condiciones. Ser
solidarios supone considerar a las generaciones futuras y a los hombres en cada
rincón del planeta. En definitiva, una economía sólo es
solidaria cuando es sustentable.
Sin embargo, los sectores
expulsados del mercado laboral siguen demandando la generación de fuentes
de trabajo. ¿Qué posibilidades tienen los Estados de garantizar
si no el "pleno empleo" de antaño, condiciones que se acerquen
a aquellas?
-Hay que observar el caso particular de cada país. Pensemos, por ejemplo,
en el rol del Estado como organizador del territorio: el Estado boliviano es
mucho más débil en este sentido que cualquier Estado europeo o
que los EE.UU. Tengo la convicción de que la NASA sabe más sobre
la Patagonia argentina o el Amazonas que la población y los gobiernos
locales. En este sentido, es preciso analizar cómo se articulan este
tipo de reivindicaciones, sus perspectivas y sus conflictos y qué tipo
de Estado tienen enfrente
¿Cuál sería
el principio unificador de estas diferentes situaciones de exclusión
y de estos sectores tan heterogéneos?
-No existe un principio de unificación, pero sí de compatibilización
de intereses y demandas. Esa es la tarea de la política. Cuando estas
reivindicaciones que se producen en la sociedad civil no acceden a la esfera
política se produce un vacío y la única vía de acceso
son los partidos políticos. Es por eso que hay
que construir un puente entre los movimientos sociales y los partidos políticos.
Hablamos de la crisis
de la utopía del pleno empleo y del estallido de la informalidad. ¿Cuál
sería la respuesta inclusiva?
-La informalidad es la solución regresiva a la crisis. La
utopía es la solución progresiva: una economía solidaria
y sustentable, de la que ya existen ejemplos prácticos en muchos países,
por ejemplo, a través del uso de energías renovables. Hay que
tener en claro que la economía sólo es solidaria cuando es sustentable,
y esto supone una nueva forma de vivir y trabajar.-
Desencanto a la alemana:
"¡Gracias a Dios estalló la crisis!", dice el profesor
Elmar Altvater en referencia al impacto del No francés sobre la marcha
de la Unión Europea. Altvater, politólogo que fue decano de la
Universidad Libre de Berlín, se define como europeísta, pero considera
agotado el camino burocrático que tomaron las instituciones comunitarias.
Representa también a una camada de intelectuales alemanes que participaron
del ascenso al gobierno de Los Verdes, de la mano de los socialdemócratas,
pero se desencantaron luego, cuando ese gobierno -que se sometió el domingo
pasado al veredicto de las urnas- participó de la guerra en Afganistán,
tras el 11 de setiembre de 2001. "Imagínese, dice, ¡un gobierno
cuyo ministro de Relaciones Exteriores era líder del partido ecologista
fue el primero que decidió la participación de tropas alemanas
en un conflicto armado fuera de sus fronteras!".
Altvater plantea el desarrollo de las energías
renovables como alternativa al actual curso de la economía y la política
mundial. "Los recursos energéticos son limitados y la defensa de
la paz está hoy más ligada que nunca a la defensa de estas propuestas
alternativas", señala.
Señas particulares: Politólogo
alemán, 67 años.
Catedrático de Ciencias Políticas, Universidad Libre de Berlín.
Autor de varios libros sobre el impacto de la globalización en las economías nacionales y los sistemas políticos.
Participó en Buenos Aires del coloquio internacional "De la exclusión al vínculo. Significación de los movimientos sociales en América latina", organizado por el Instituto Goethe y CLACSO.-
Clarín, 25 septiembre, 2005
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